El techo de Córdoba

Enero de 2017

Estábamos soportando la ola de calor de las primeras semanas de enero de este 2017, cuándo acomodamos los equipos y arrancamos el viaje con dos amigos, Sergio Alí y Hernán Hadad, hacia el fresco de las sierras cordobesas, más precisamente lo que queríamos era volver al Cerro Champaquí, conocido como “el techo de Córdoba” con sus 2854 metros sobre el nivel del mar, y recorrer toda su zona aledaña, como la primera vez, allá por el 2015, pero en esta oportunidad con más tiempo y con el objetivo principal de poder ver, fotografiar y disfrutar el vuelo del Cóndor, esta hermosa ave que con su enorme tamaño despliega magia y un sinónimo de libertad por los cielos de nuestro país.
Después de varias horas en la ruta llegamos de mañana temprano a la linda y tranquila localidad de Villa Yacanto, portal de ingreso que une hasta el cerro Linderos unos 42 km. de camino rocoso, sinuoso y entretenido, mas que nada para el conductor, ya que resulta complicado de transitar con autos bajos, lo ideal es ir en camioneta. Después de chequear todo en el pueblo (comida, combustible y demás) iniciamos la subida, pasamos por el puesto de informes que está a unos pocos kilómetros de inicio, lo cual es aconsejable informar que vamos a pernoctar en la montaña por una eventual emergencia, paramos, pero el mismo estaba cerrado y seguimos viaje. Después de lidiar con las piedras y bajarnos varias veces para correrlas del camino para que Sergio con su Palio Adventure que siempre se la banca, pudiera esquivarlas y poder seguir, llegamos a destino pasado el medio día, cansados pero contentos de poder estar nuevamente en este hermoso lugar, agreste por dónde se lo mire. Comimos algo, armamos la carpa y salimos a recorrer la zona.

Campamento armado
Laguna en la cima

Caía la tarde en la cumbre del “Champa” y entre mate y mate nos sorprendieron los cóndores que se acercaban curiosos como diciendo ¿que hacen estos tres locos en nuestro territorio?, en el medio de la nada, al borde el precipicio, no se equivocaban, estábamos ahí por ellos, nos deleitaron unos minutos hasta la entrada del sol con su planeo perfecto y volvimos al campamento con la sensación que ya habíamos pagado el viaje, pero faltaba lo mejor aún.

Disfrutando de unos mates en la cumbre
Atardecer desde Cerro Linderos
Villa Dolores desde lo alto

La noche fue larga y recuperadora de sueño ya que por la presencia de la luna no ayudó mucho para hacer fotografías nocturnas, sólo algunas a las luces de las localidades que se ven a lo lejos, allá abajo, diminutas como ciudad de Villa Dolores.

Al día siguiente, desarmamos todo y comenzamos a bajar lentamente para ubicarnos a unos pocos kilómetros de dónde estábamos y pasar gran parte del día retratando los cóndores y jotes que nos sobrevolaban muy cerca al filo de una ladera, como también algún que otro lagarto de achala curioso, que salía a tomar sol y las Loicas que siempre están presentes en la zona.

Paisaje de Pampa de Achala

Luego del tremendo guiso energético que hizo Hernán, caminamos bastante por un cañadón que teníamos señalado en el gps, en la misma zona que hacía dos años atrás tuvimos la suerte de ver por unos pocos segundos a un puma, que al vernos primero disparó y se perdió entre las rocas y los pastizales.

Arroyo serrano

Fueron varias horas de caminata y foteo, para luego volver al auto y dirigirnos al puesto Tres Árboles de la familia Olguín, a 2330 mts. que se encuentra a mitad de camino bajando hacia Villa Yacanto, Hernán había reservado con antelación una noche de estadía en ese lugar dónde muy amablemente nos recibió Nacha con un riquísimo estofado de cordero, que nos dejó chupándonos los dedos de lo bueno que estaba, luego de cenar, y bien satisfechos, dimos una vuelta por el lugar, aprovechando la buena luna, recorrimos el arroyo El Durazno que bordea la casa, conocimos los corrales donde crían esos ricos lanudos y nos fuimos a descansar.

Puesto Tres Arboles entre las nubes

Al otro día, amanecimos entre las nubes dada la altura en la que estábamos, desayunamos, cargamos las cosas y partimos despacio por la poca visibilidad que teníamos rumbo al valle de Calamuchita, pasando por dique Los Molinos y así llegar contentos y con buen material fotográfico a la ciudad de Paraná. Pensando siempre en regresar por más, nos despedimos hasta el próximo viaje, saludos y  gracias a todos por seguir leyéndonos.

Inmediaciones de Villa Yacanto

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